DE LA INTEMPERIE & EL EXILIO
Soy también un resagado. No paro de ver a los míos despegar y me siento fuera de órbita. Paro de contar. Supongo que es ésta mi manera de compensar, y gracias a ella me despreocupo y me convenzo de que lo que hago tiene una determinación final; algo que es parte de un plan absoluto que no concuerda con la realidad. Y qué hay de la nieve y las temporadas? Poco a poco nos deja el invierno, nos convertimos en más, se nos otorga la ilusión del progreso, pero ni lo siento, pues, por lejos estar. Así que escribo esto, porque siento que algo ha cambiado, y descuiden, no tiene nada que ver con la victoria de Capriles. He visto y aceptado la verdad. Dice así:
Como pillo de tres por cuarto muy lejos de poesía
pasa el triste amorochado con penas que rápido olvida
por el medio de la gran vía y en furgoneta ajena
ingiero brebajes de nómada en oscura noche y día.
Y el destierre, Don Elías..
No hay invierno que perdone y no le importa lo melao,
porque fuimos nosotros mismos, quien nos hemos desterrado.
Y el ceño lo frunzo de último, como capitán del barco
y que me digan mentiroso si no porto el siete de bastos.
Amalaya, Don Elías.. me la he pasado borracho.
Taciturno en la marea del lento pasar del día.
Dígame algo, Don Elías..
¿Es dicha el peregrinaje de los míos así tan cuesta arriba?
Somos pobres en hazaña, lo sé, y bebo mucho todavía,
Pero no es por mala compañía ni por sed de luna llena.
Yo sí amo lo que hago, no pido fuego ni enmienda
y le doy gracias, Don Elías, porque ya no soy alma en pena.
Y así sin mayor creencia le dejo mi siete de bastos,
pues no hay tarot nos ofusque ni tierra que nos sea ajena.